Boletín 6: Trabajo Justo en Tiempos de Transición: Energías Renovables y Nuevos Horizontes

Trabajo Justo en Tiempos de Transición: Energías Renovables y Nuevos Horizontes

Resumen

La transición energética ha generado una preocupación válida: ¿qué pasará con los empleos que hoy existen en industrias basadas en energías fósiles? El temor a la pérdida de puestos de trabajo en sectores como la minería, el petróleo o el gas ha sido uno de los grandes debates en torno al cambio de matriz energética. Pero también es momento de mirar el otro lado: ¿qué posibilidades se están abriendo con las energías renovables? ¿Dónde y cómo se están generando nuevos empleos?

El informe «Energía Renovable y Empleos: Informe Anual 2024» de IRENA y la OIT nos ofrece pistas claras. El documento destaca un crecimiento significativo en el empleo global en el sector de las energías renovables, alcanzando 16.2 millones de empleos directos e indirectos en 2023. Este aumento ha sido impulsado principalmente por la expansión de la energía solar fotovoltaica y la energía eólica, que juntas representan más de la mitad del total.

Detrás de estos números hay un mensaje esperanzador: las energías limpias no solo ayudan a frenar el cambio climático, sino que también pueden convertirse en un motor de empleo digno. Pero también hay advertencias: este crecimiento se concentra en pocos países, sobre todo en Asia, y existe una brecha creciente de capacidades técnicas y profesionales.

El informe señala además que las políticas públicas deben adoptar un enfoque más inclusivo para que esta transición no amplíe las desigualdades ya existentes. Se requiere una planificación que priorice la justicia social: programas de formación accesibles, apoyo a las comunidades desfavorecidas, participación activa de las mujeres y garantías de trabajo decente para todos y todas.

En el caso del Perú, aunque aún estamos en una fase inicial de incorporación masiva de energías renovables, ya se perfilan iniciativas importantes como la Central Solar Requena, ubicada en la región amazónica de Loreto. Este proyecto no solo suministrará energía limpia a más de 22,000 personas, sino que representa una oportunidad de empleo en zonas históricamente marginadas. También se reconoce la labor de instituciones como SENATI, que viene desarrollando programas de capacitación técnica en instalación y mantenimiento de sistemas solares, aunque aún son insuficientes frente a la demanda proyectada.

Finalmente, cabe destacar que la transición energética en el Perú enfrenta obstáculos como la debilidad de las políticas de apoyo a la industria nacional, la falta de inversión en zonas rurales, y la escasa participación de mujeres en los sectores técnicos. Por ello, es urgente impulsar una estrategia nacional de empleo verde con enfoque territorial, inclusivo y con participación de las organizaciones sindicales y comunitarias.

En síntesis, el informe nos llama a actuar: la transición energética no debe ser solo una apuesta técnica o ambiental, sino una oportunidad histórica para redefinir cómo trabajamos y para quién. Si se gestiona bien, puede ser una herramienta poderosa para cerrar brechas, dignificar el trabajo y construir sociedades más justas.

  1. Crecimiento global del empleo en energías renovables
  • Empleo Total: En 2023, el sector de las energías renovables empleó a 16.2 millones de personas a nivel mundial.
  • Tecnologías Líderes: Solar Fotovoltaica (PV): La energía solar fotovoltaica lidera con 7.1 millones de empleos en 2023, lo que representa el 44% del total de empleos en energías renovables. El 86% de estos empleos se concentra en los 10 principales países.
  • Biocombustibles Líquidos: Generó 2.8 millones de empleos en 2023, principalmente en la cadena de suministro agrícola, incluyendo trabajo estacional y a tiempo parcial. Brasil (994,000) e Indonesia (798,600) son los principales empleadores.
  • Hidroeléctrica: Con 2.3 millones de empleos directos en 2023, aunque con una disminución del 4% respecto a 2022, reflejando un ritmo más lento en las nuevas adiciones. China (34%), India (20%) y Brasil (8%) son los mayores empleadores.
  • Energía Eólica: Contribuyó con 1.5 millones de empleos en 2023. China lidera con 745,000 empleos, mientras que Europa, aunque sigue siendo un líder tecnológico, tiene 316,300 empleos.

Las energías renovables representan una fuente significativa de creación de empleo; sin embargo, su sostenibilidad a largo plazo exige la implementación de políticas integradas que articulen el desarrollo industrial, la equidad social y la formación laboral. Para ello, es fundamental diversificar la producción global, reducir la dependencia de un solo país y fortalecer las cadenas de suministro locales. Solo una transición energética centrada en las personas y en el planeta permitirá avanzar hacia una transformación justa, inclusiva y socialmente aceptada.

  1. Concentración Geográfica y Políticas Industriales: La Dominancia de China y la Reacción Global

El informe subraya el dominio creciente de China en la cadena de suministro de tecnologías renovables, especialmente en energía solar fotovoltaica y eólica, consolidando su liderazgo industrial global. Este control ha generado reacciones políticas y económicas en diversas regiones del mundo, que buscan contrarrestar la dependencia y recuperar capacidades productivas estratégicas.

China concentra el 96% de la capacidad global de producción de obleas solares y alberga 9 de los 10 principales fabricantes de inversores fotovoltaicos, controlando el 81% del mercado. En energía eólica, las empresas chinas aumentaron su cuota de mercado de fabricantes de equipos originales del 17% en 2012 al 50% en 2022. Además, dominan la energía eólica marina, con un 54% del mercado global en 2021.

Esta supremacía ha desencadenado una respuesta proteccionista e industrial por parte de actores como Estados Unidos, la Unión Europea e India:

Estados Unidos impulsa políticas como la Ley de Reducción de la Inflación (IRA) para atraer inversión manufacturera con incentivos fiscales, aunque enfrenta obstáculos en su sector eólico marino debido a costos y retrasos logísticos.

India, ahora el tercer mayor fabricante de paneles solares, avanza en su independencia tecnológica.

La Unión Europea ha lanzado ambiciosos planes para revitalizar su industria solar, aspirando a una capacidad de 30 GW en 2025. Sin embargo, muchas empresas europeas han cerrado por no resistir la competencia asiática y los altos costos.

El informe destaca que las restricciones comerciales por sí solas son insuficientes para recuperar capacidades industriales. En cambio, se necesita una combinación equilibrada de medidas: incentivos gubernamentales, políticas de contenido local y programas de formación para desarrollar una cadena de valor robusta y competitiva a nivel nacional o regional.

 

  1. Habilidades para una transición energética justa

El crecimiento del sector de energías renovables ha superado la capacidad actual de los países para formar una fuerza laboral calificada, ampliando la brecha de habilidades técnicas y profesionales requeridas. Esta situación representa una barrera crítica para avanzar hacia una transición energética equitativa y efectiva.

  • Brecha de Habilidades: El rápido desarrollo del sector renovable demanda personal calificado que actualmente es insuficiente, especialmente en países en desarrollo.
  • Tipos de Habilidades Requeridas: Se necesitan electricistas, mecánicos eléctricos, ajustadores y especialistas en tecnologías solares y eólicas.
  • Habilidades STEM: La escasez de profesionales formados en disciplinas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas agrava el problema, particularmente en contextos donde la expansión de proyectos es inminente.
  • Formación Profesional (TVET): La educación técnica y vocacional es clave para cerrar esta brecha y ofrecer oportunidades de recualificación laboral.
  • Ejemplo de Acción Nacional – Caso Perú: En respuesta a esta necesidad, instituciones como SENATI y otros centros de formación técnica están expandiendo su presencia en regiones estratégicas del país, como la Amazonía peruana, donde se desarrollan proyectos solares de alto impacto. Entre los más destacados se encuentra la Central Solar Requena, la microrred más grande del Perú, que modernizará el suministro eléctrico a más de 22,000 personas en zonas aisladas, con una capacidad instalada de 8 MWp y un sistema de almacenamiento de 10 MWh. Otros proyectos como el de MegaPlaza Ica, el BCP, la mina Chala en Arequipa, y la planta solar en Tamshiyacu (Loreto) muestran cómo distintas industrias están incorporando soluciones solares, a menudo en colaboración con empresas como Novum Solar.

Esta expansión tecnológica requiere una planificación educativa alineada, donde la formación técnica en energías renovables se convierta en prioridad estratégica nacional

En ese sentido, la expansión de las energías renovables se consolida como un motor clave de generación de empleo a nivel global, con más de 16 millones de puestos en 2023, impulsados principalmente por la energía solar fotovoltaica y la eólica. No obstante, este crecimiento se desarrolla en un contexto de fuerte concentración geográfica, donde China domina ampliamente la cadena de suministro, lo que ha provocado respuestas industriales y proteccionistas por parte de economías como Estados Unidos, India y la Unión Europea. Paralelamente, la brecha de habilidades técnicas y profesionales se convierte en una barrera crítica, especialmente en países en desarrollo, donde la falta de formación en disciplinas STEM y educación técnica limita la capacidad de aprovechar las oportunidades que ofrece el sector. En este sentido, una transición energética verdaderamente justa requiere políticas públicas integrales que combinen desarrollo industrial, inclusión social y fortalecimiento de capacidades laborales. El caso de Perú, con proyectos como la Central Solar Requena y otras iniciativas en sectores como comercio, banca, minería y comunidades amazónicas, ilustra cómo las energías renovables pueden transformar realidades locales si van acompañadas de formación técnica pertinente y planificación estratégica. En suma, asegurar una transición sostenible y equitativa implica no solo avanzar en tecnología e inversión, sino también garantizar que las personas estén en el centro del proceso, con empleos dignos, participación inclusiva y respeto a los derechos laborales y comunitarios.

4. Transición Energética centrada en las personas y el planeta

La transición energética no debe limitarse a una transformación tecnológica o económica; debe ser también una transformación social centrada en la dignidad de las personas, la equidad y el bienestar de las comunidades.

Una política energética verdaderamente justa prioriza a las comunidades históricamente desfavorecidas, como lo propone la iniciativa estadounidense Justice40, que exige que al menos el 40% de los beneficios de las inversiones en infraestructura y energía limpia lleguen a estos grupos. Este enfoque busca corregir desigualdades estructurales y garantizar que el desarrollo llegue a quienes más lo necesitan.

La equidad de género es también un eje clave. Aunque las tecnologías descentralizadas ofrecen oportunidades para las mujeres en funciones técnicas y comunitarias, hoy solo el 19% de los empleos creados en la industria energética son ocupados por ellas. Se requiere promover activamente el empleo femenino, la participación equitativa y el emprendimiento liderado por mujeres.

Además, la transición debe garantizar derechos laborales y condiciones de trabajo dignas. Un enfoque centrado exclusivamente en costos y ganancias puede invisibilizar las realidades de los trabajadores y las comunidades locales, generando riesgos como salarios bajos, precariedad, aplicación débil de normas de seguridad y violaciones de derechos laborales.

El impacto en comunidades locales e indígenas también merece atención prioritaria. Proyectos de gran escala —hidroeléctricos, solares, eólicos o de biocombustibles— han provocado desplazamientos, pérdida de tierras y sitios culturales, así como conflictos sociales. Casos de intimidación a defensores comunitarios y activistas han sido documentados, lo que subraya la necesidad de mecanismos de participación, consulta previa y justicia ambiental.

Finalmente, la distribución global de la inversión sigue siendo profundamente desigual: en 2023, más de 120 países en desarrollo recibieron solo el 15% del total de inversiones en energías limpias, a pesar de tener el mayor potencial de expansión. Esta disparidad limita las oportunidades para una transición equitativa y verdaderamente global.

Para que la transición energética sea sostenible, debe ser inclusiva. Debe crear empleos dignos, fortalecer el tejido social, proteger el entorno cultural y garantizar que ningún grupo quede atrás. No es solo una transición de tecnologías, sino una transformación de prioridades.

Conclusiones generales y perspectiva futura

La transición energética renovable avanza a paso firme como una de las transformaciones más relevantes del siglo XXI, con un impacto directo en el empleo, la economía, el medio ambiente y la justicia social. En 2023, el sector generó más de 16 millones de empleos, consolidando su rol como dinamizador del desarrollo sostenible. Sin embargo, este crecimiento no está exento de tensiones y contradicciones.

La concentración geográfica del poder productivo, especialmente en China, plantea desafíos geopolíticos y de dependencia estratégica que están impulsando reacciones industriales y proteccionistas en otras economías. La necesidad de diversificar las cadenas de suministro se vuelve urgente para asegurar la resiliencia y sostenibilidad del sector.

Al mismo tiempo, el crecimiento acelerado del sector evidencia una preocupante brecha de habilidades, que pone en riesgo su viabilidad a largo plazo. La formación técnica, la educación en disciplinas STEM y la recualificación laboral deben convertirse en ejes centrales de las políticas públicas. Casos como el de Perú, donde proyectos solares avanzan en zonas aisladas, muestran que la transición es posible si se combina inversión tecnológica con desarrollo humano.

No obstante, no se puede hablar de una transición justa sin considerar a las personas y comunidades que la viven. Asegurar empleos dignos, fomentar la inclusión de mujeres y poblaciones vulnerables, respetar los derechos laborales y minimizar el impacto en territorios y culturas locales son condiciones esenciales para garantizar legitimidad social y sostenibilidad a largo plazo. Iniciativas como Justice40 o las microrredes en la Amazonía peruana ofrecen ejemplos de cómo alinear desarrollo con justicia social y territorial.

Finalmente, la inequidad en la distribución de la inversión global sigue siendo una barrera estructural: los países en desarrollo, que más necesitan estas soluciones, reciben solo una fracción del financiamiento disponible.

Plades
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